Trazabilidad, requisito y herramienta para el comercio exterior


Los mercados internacionales se volverán cada vez más exigentes en la aplicación de esta tecnología. No cumplir con estos requisitos será la desvantaja competitiva del futuro

El 28 de Enero de 2002, el Parlamento Europeo y el Consejo de la Unión Europea, fijaron el Reglamento 178, en el cual se establecen los principios y los requisitos generales de la legislación alimentaria, y crearon asimismo la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria, para fijar procedimientos relativos a la seguridad alimentaria.

Si bien la normativa europea no tiene validez extra regional, su aplicación obliga a todo productor a respetar las normativas si quiere calificar para dicho mercado. Por otra parte, al ser estos requisitos una garantía de seguridad y de calidad en los alimentos, se puede concluir que en breve, los requisitos de ingreso a otros mercados de alta exigencia (como el norteamericano por ejemplo) también incorporarán estos preceptos.

De este modo, los productores no podrán exportar pues se vedará el ingreso de productos que no cumplan con la normativa mínima de seguridad y calidad.

El Reglamento establece la obligatoriedad de cumplir con la trazabilidad de todo producto alimenticio, so pena de ser rechazado en el puerto de ingreso, e impone una aplicación paulatina de esta norma con el objeto de alcanzar a la totalidad de productos que se importan desde Europa en un tiempo determinado.

Por lo tanto, deben trazar todos aquellos que precisen mantener un control de movimiento de sus productos y/o deban tener disponible información acerca de cada uno de los procesos y controles de producción.

Análisis del mecanismo
Según el Reglamento, la Trazabilidad es “la posibilidad de encontrar y seguir el rastro, a través de todas las etapas de producción, transformación y distribución, de un alimento, un pienso, un animal destinado a la producción de alimentos o una sustancia destinados a ser incorporados en alimentos o piensos, o con probabilidad de serlo”.

El recorrido de un producto hasta su venta es su trazo, y el proceso de seguimiento desde la venta hasta la elaboración básica, es su rastreo. Según sea hacia adelante o hacia atrás, el seguimiento se denomina trazabilidad o rastreabilidad.

La exigencia de trazabilidad es el resultado de la crítica a la ciencia por no haber logrado prevenir problemas con los alimentos (problemas generados por la vaca loca, cólera, etc.), es el temor por las consecuencias del consumo de productos transgénicos, es la sospecha por los posibles resultados de la utilización de sustancias químicas, aditivos y plaguicidas en la etapa de elaboración, y el latente pánico de las economías desarrolladas a un atentado bio-terrorista (el caso de las uvas inyectadas con cianuro por ejemplo).

Costos influyentes
Sin embargo, el mayor problema que enfrentan las empresas a la hora de aplicar tecnología es el importante costo que esto implica.

En España, por ejemplo, se utiliza un chip que se incorpora al ganado. El costo del mismo es de alrededor de 4 euros por cabeza. Ante este panorama, el gobierno español ya consensuó la cobertura de parte de ese costo.

Trazar, un requisito
De acuerdo a este esquema:

* La empresa debe poder poner la información necesaria a disposición de la Autoridad competente que la solicite en tiempo y forma indicados.

* Es responsable por la correcta identificación y almacenamiento de la información que está en su poder.

* Tiene la obligación de informar a la Autoridad competente sobre cualquier sospecha acerca de un producto propio que no cumple con los requisitos de seguridad necesarios.

* Debe proceder de inmediato a la retirada total o parcial de dicho producto y a la notificación del hecho a las partes interesadas, en ese caso.


Trazar, una herramienta
Definir el trazo de un producto, es poder determinar con velocidad , en el caso del transporte de productos agropecuarios, quién lo sembró, quién lo cosechó, quién era el cuidador de determinada jaula y a determinada hora, quién fue el transportista y qué otros productos viajaban con el propio, a qué canal de distribución fue determinada partida de productos y hasta en qué góndola se encuentra en un supermercado, entre otros procesos.

Este caudal de información, que debe ser público, es el que permite a una empresa localizar, inmovilizar y hasta retirar efectiva y selectivamente un producto, ganar o recuperar la confianza de los consumidores ante un caso crítico, y demostrar el origen fidedigno de un problema para asignar responsabilidades por él.

En conclusión, más allá de quedar fuera de un mercado ad hoc por no cumplir con la trazabilidad como requisito, no trazar es una desventaja competitiva considerable frente a otras empresas.

No responder con celeridad a un caso crítico de falla en la calidad o seguridad de un alimento, puede redundar en el cierre de un canal de venta, de un mercado completo, o hasta de la propia empresa por perder la confianza del cliente.

Por ende, trazar es una sistematización de los procesos que aumenta la seguridad para clientes y consumidores, permite el ingreso a mercados importantes sin penalizaciones, optimiza los controles de calidad hasta la venta, reduce los costos logísticos de un rechazo de mercadería, permite la identificación de cada unidad producida, y asegura, de ese modo, una importante diferenciación con la competencia.

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